Biden y Trump, en un duelo de visitas a la frontera sur

El presidente demócrata Joe Biden, y su posible rival republicano para las elecciones de noviembre, Donald Trump, realizaron visitas paralelas a la frontera EEUU-México, mientras buscan respaldo popular en uno de los temas más álgidos de la campaña electoral: migración.

Esta especie de duelo en Texas se produce cuando un número récord de cruces de migrantes por pasos no autorizados hacia suelo estadounidense puede representar una gran amenaza para las posibilidades de Biden de impedir el regreso de Trump al poder.

El republicano Trump, de 77 años, aterrizó en Eagle Pass, Texas, y minutos después el actual demócrata Biden, de 81 años, llegó a Brownsville, Texas, a unas 300 millas al este.

Las visitas, a menos de ocho meses que la ciudadanía vaya a las urnas, resaltan lo mucho que está en juego en la cuestión fronteriza.

Las visitas ocurren justo cuando este mismo jueves 29 un juez bloqueó temporalmente una ley de Texas promovida por Abbott, que permitía desde marzo la detención, prisión o expulsión de migrantes que hayan cruzado la frontera por pasos no autorizados y que permanezcan en el estado.

Abbott apelará esta decisión, que forma parte de una disputa judicial entre el gobierno federal y estatal por el control de la frontera.

En su segundo viaje fronterizo desde que asumió el cargo en 2021, Biden se reunió con la patrulla fronteriza y otros agentes, antes de pronunciar un discurso instando a los republicanos a dejar de bloquear sus reformas migratorias.

Los republicanos han rechazado la legislación fronteriza propuesta por Biden «simplemente porque el expresidente (Trump) se lo ordenó», dijo la subsecretaria de prensa de la Casa Blanca, Olivia Dalton, a los periodistas en el Air Force One.

Biden estuvo acompañado por su jefe de inmigración, Alejandro Mayorkas, quien fue acusado por los republicanos en la Cámara de Representantes hace dos semanas, asegurando que no cumple con su labor. Pero no tuvieron éxito.

También Biden acusó a Trump de planear “una deportación masiva” de migrantes después de que asuma el cargo

“Es desafiante”

El viaje de Biden a Brownsville buscaba mostrar cómo están funcionando sus medidas fronterizas, en un área donde los llamados «encuentros» de inmigrantes se redujeron en casi una cuarta parte en enero.

Mayorkas dijo que Biden escuchó a los funcionarios fronterizos sobre los «muy pocos recursos que tienen» y cómo la legislación bloqueada por los republicanos les daría los recursos que necesitan.

También defendió que Biden evitara un área donde la crisis era peor, diciendo que Brownsville mostraba cómo la cooperación entre Estados Unidos y México había ayudado a reducir los cruces fronterizos.

«Brownsville ofrece una muy buena visión de cuán dinámico y desafiante es el fenómeno migratorio», dijo Mayorkas a periodistas.

Los republicanos culpan a Biden por el flujo de inmigrantes, mientras que la Casa Blanca dice que el partido de Trump está saboteando deliberadamente un intento bipartidista de encontrar una solución.

Biden insistió a principios de esta semana en que no había planeado deliberadamente el choque de horarios con Trump, el hombre al que derrotó en las elecciones de 2020, y dijo que no sabía que su «buen amigo» también iría.

Postura de Trump

  • Para Trump su postura antiinmigración de línea dura ha sido fundamental para su identidad política durante años, y ha prometido el mayor programa de deportación jamás realizado en Estados Unidos si regresa a la Casa Blanca.
  • «Buen clima, hermoso día pero una frontera muy peligrosa, vamos a cuidarla», dijo a los periodistas el favorito a la nominación presidencial republicana al aterrizar en Eagle Pass.
  • La campaña de Trump describió la frontera como una «escena del crimen» y dijo que el expresidente «delinearía su plan para poner a Estados Unidos en primer lugar y asegurar la frontera inmediatamente después de asumir el cargo».
  • Para Trump, los inmigrantes están «matando a nuestra gente, están matando a nuestro país», en una retórica cada vez más de extrema derecha que lo llevó a decir el año pasado que los inmigrantes estaban «envenenando la sangre» de Estados Unidos.