Salvadoreño encuentra a su familia 40 años después

Víctor Caycho
Washington Hispanic

espués de casi 40 años, un hombre cuya madre fue asesinada en El Salvador durante la guerra civil y luego internado en un orfanato de San Salvador en donde fue adoptado y traído por una familia estadounidense cuando tenía sólo 10 años de edad, podrá volver a su tierra natal a reencontrarse con su familia biológica.

Junto con una hermana –de cuatro hermanos suyos que fueron adoptados en ese entonces-, él está siendo preparado psicológicamente por expertos para viajar dentro de poco a ese país centroamericano y reencontrarse con sus tíos y tías, y en especial con su abuela octogenaria que aún lo recuerda y reclama todos los días y que a menudo levanta la mirada al cielo y pregunta con ansiedad, “¿dónde está Oscarito?”.

Oscar Aldana –su nombre biológico porque el adoptivo no podemos revelar-, vive una historia de película en la vida real. Desde hace años trabaja como conductor de camiones que llevan carga por diferentes carreteras de la nación, “y prácticamente he estado en cada rincón de los Estados Unidos”, según dijo. Sólo habla inglés, pero está aprendiendo español para poder conversar con su familia.

Oscar llegó a Washington Hispanic en compañía de dos miembros de la Comisión Nacional de Búsqueda de Niñas y Niños Desaparecidos durante el conflicto armado interno (CNB). Esta institución fue creada en 2010 y está encargada de investigar los casos de los menores que fueron separados de sus familias biológicas durante la guerra civil de El Salvador –que duró desde 1979 hasta 1992-, y de encontrarlos “donde quiera que estén”, tanto en ese país como en el exterior.

Se estima que unos 2,000 niños fueron entregados en adopción en aquella aciaga época, señalan la investigadora Elsy Lourdes Flores y el psicólogo Héctor Aparicio, miembros del organismo. En este momento investigan 291 casos de niños desaparecidos, de los cuales 71 ya fueron resueltos, habiéndose producido 28 reencuentros, todos sumamente emotivos. Otros nueve están localizados pero aún no han podido reencontrarse con sus familias. Y en 28 de los casos se determinó que habían fallecido.

En el año 1980 cuando cuatro hermanos apellidados Aldana fueron separados después del asesinato de su madre, en medio de la sangrienta guerra civil que azotaba a El Salvador. La mataron a tiros, muy cerca de sus hijos, quienes lograron esconderse. El mayor de los hermanos Aldana –Oscar era entonces de muy corta edad-, recordó haber presenciado el crimen a través de una ranura.

Oscar contó que hace pocos años ubicó a su hermano y a una de sus hermanas a través del Facebook. “Cuando me presenté después de mucho tiempo de haber sido separados, ellos no estaban muy seguros de que era yo. La última vez que los había visto fue en 1986, después perdí todo contacto y no los volví a ver hasta 25 años después. Ellos viven en Michigan y yo en Virginia. Anteriormente residí en West Virginia y entre las mudanzas perdí el contacto”, relató.

“Hace meses me volví a contactar con ellos y me contaron que habían viajado a El Salvador en el 2014 y que el gobierno salvadoreño los encontró y ayudó. Entonces yo me pregunté, ¿cómo es que no me han encontrado a mí?”.

Sus hermanos le informaron acerca de la existencia de la Comisión de Búsqueda de Niños Desaparecidos durante el conflicto armado interno (CNB) de El Salvador.

“Había sido muy difícil localizarme porque soy un conductor de camión, trabajo para EOS Xpress Enterprises y me tenían en ese entonces por todo el país. Mi página de Facebook no tiene mi nombre real sino el de adopción”, señaló.

“Me dieron el contacto e hice la conexión. La gente de la comisión me confirmó que tengo familia en El Salvador y que mi abuela me recuerda y que siempre pregunta por mí repitiendo ‘¿dónde está Oscarito?’”, contó, con emoción.

Luego, haciendo memoria, Oscar afirmó que “al principio no sabía cómo sentirme. Ha pasado tanto tiempo, huyendo de la guerra a temprana edad, sin crecer con mi familia biológica, eso te hace algo a ti. Mentalmente no tienes ese lazo familiar que se construye con los años. La mitad del tiempo sientes esa pena en tu corazón”.

Oscar reflexiona mientras señala que “cuando escucho que alguien (de la familia) murió, siento tristeza, pero no un amor verdadero. No tuvimos una vida juntos. No quiero decir que es la culpa de nadie. Fue el destino el que me trajo aquí. Dios está a cargo, es la manera en que lo veo”.

Entorna los ojos al mencionar que tenía cerca de 6 años cuando lo separaron de su familia. “De alguna manera recuerdo que terminé en un orfanato. Alguien me llevó allá. Es difícil recordar y no quiero dar falsos detalles. Sí puedo decir que encontré un ambiente muy hostil en el orfanato. No era bueno para mi. La persona que me llevó allá pensó que era el mejor lugar para mi en ese momento. Alguien tenía buenas intenciones y al final, nadie sabía que Dios estaba a cargo”, expresó, con los ojos brillantes.

Al reencuentro

Añadió que en estos días los miembros de la comisión lo están preparando para el reencuentro con su familia en El Salvador. “Creo que mentalmente todavía no estoy listo, pero tengo el presentimiento de que cuando conozca a mis tíos y tías, a mis primos y a mi abuela, podrían florecer esas emociones que he puesto por tanto tiempo a un lado”.

Con firmeza, y siempre en inglés, confesó que “en todos estos años ha estado en mi mente que El Salvador ha sido mi país y mi hogar. Nunca sentí lo contrario. Sabía que vine aquí adoptado por una familia estadounidense, hice lo mejor que pude para superarlo, pero nunca he olvidado ni negado de donde soy”.

“Soy salvadoreño y lo digo con orgullo. No tengo vergüenza de decir de donde vengo”, recalcó, para añadir con una sonrisa que sólo se avergüenza de una cosa “y es haber perdido mi español, aunque no fue por mi culpa sino que no habían muchos hispanos donde vivía”.

Explicó que su nueva familia suprimió el español en la casa y en la escuela, “y en un año ya estaba hablando inglés y perdiendo poco a poco el español”.

Oscar, de 45 años de edad, es ciudadano estadounidense y votará en noviembre, aunque no reveló por quién.

“No soy casado, ni siquiera he ido tan lejos como para pedir a alguien en matrimonio. No tengo hijos. Siento que habrá un tiempo indicado para eso”, añadió.

Al final de la entrevista, Oscar agradeció por la ayuda recibida para reencontrarse con su familia. “Mi vida ha estado vacía hasta que el gobierno de El Salvador y la comisión nacional me encontraron y me he reconectado con ellos. Antes era como si yo hubiera existido solo, ahora siento que pertenezco a algún lado”.

También felicitó a los miembros de la comisión nacional que lo están ayudando, los abrazó y dijo que “ellos deben estar orgullosos del duro trabajo que hacen. Esto ha cambiado mi vida para mejor. Es muy importante lo que ellos hacen al ayudar a las personas a encontrar a sus familias, y creo el gobierno de El Salvador está haciendo algo bueno en ese sentido”.

“Antes sentía que no era nadie, ahora soy alguien”, destacó finalmente, pero añadió con énfasis: “Mi familia adoptiva es buena, no me malentiendan, ellos son buenas personas, pero es algo diferente”.

COMO COMUNICARSE

•Si usted desea conocer más detalles o ayuda para localizar a su familia biológica, visite la página web de la Comisión Nacional de Búsqueda de Niñas y Niños Desaparecidos durante el conflicto armado interno (CNB): www://cnbelsalvador.com y también su correo electrónico: [email protected]
•También pueden llamar a los teléfonos (503) 22 21 61 57 y (503) 22 21 61 58.

CON LOS GASTOS PAGADOS

•Un fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, con sede en Washington, determinó que el estado de El Salvador tiene la responsabilidad de proporcionar lo necesario para que se realicen los reencuentros entre los niños desaparecidos a quienes ubica.
•El estado proporciona los boletos y algún tiempo de estadía para cada uno en El Salvador.
•La comisión prepara el momento especial del reencuentro, donde la familia también prepara la bienvenida, al niño o a la persona que quizás pensaron nunca volverían a ver.


Oscar Aldana recibe el abrazo del psicólogo Héctor Aparicio mientras observa Elsy Lourdes Flores, investigadora de la Comisión Nacional de Búsqueda de Niñas y Niños Desaparecidos durante el conflicto armado interno (CNB). Ambos lo están preparando para el próximo reencuentro con su familia. El sólo habla inglés pero afirma: “soy salvadoreño y lo digo con orgullo”
Foto: Alvaro Ortiz/Washington Hispanic


Emotivo reencuentro de los hermanos Guillermo, Daysi y Patricia Cruz Jiménez con su abuela materna Agustina Navarro, de 83 años, el 21 de febrero de 2015 en El Paisnal, un municipio al norte de San Salvador. Similar reencuentro protagonizarán en breve Oscar Aldana y su hermana con su familia salvadoreña.
Foto: Cortesía CNB


En los reencuentros, como éste producido gracias a la labor de la Comisión Nacional de Búsqueda de Niñas y Niños Desaparecidos durante el conflicto armado interno (CNB) de El Salvador, participa toda la comunidad para recibir a un familiar que quizá nunca pensaron volver a ver.
Foto: Cortesía CNB