Tres premios nacionales de literatura Guatemaltecos en nueva colección de poesía

Por Otoniel Guevara*

 

Los escritores Francisco Morales Santos, Delia Quiñónez y Carmen Matute están incluidos en la colección “El fuego perdido” que el proyecto Editorial “La Chifurnia” de El Salvador, en coordinación con el sello “Cafeína Editores” de Guatemala, lanzarán públicamente el sábado 29 de enero a partir de las siete de la noche en Centro Cultural Mosaico Guatemala, de la ciudad de Guatemala. Ellos han sido reconocidos por su obra literaria con el Premio Nacional de Literatura “Miguel Ángel Asturias”; Morales Santos en 1998, Matute en 2015 y Quiñónez en 2016.

 

La colección consta de 13 títulos de igual número de poetas guatemaltecos contemporáneos. Los otros poetas publicados son Adelaida Lukota, Aída Toledo, Fernando Vérkell, Heidy Marroquín, Matheus Kar, Maya Cú, Nakbé Gómez, Pablo Sigüenza, Ruth Vaides y Susana Álvarez Piloña. Esta edición masiva se da en el marco del proyecto regional “La palabra tiene la palabra/Centroamérica a una voz” que inició en Honduras con la publicación de la colección “La espera infinita” que publicó a 17 autores hondureños. “Este proyecto trata de centroamericanizar la difusión de la poesía y es un esfuerzo que no cuenta con ningún apoyo institucional ni empresarial”, manifestaron los miembros de La Chifurnia.

 

El nombre de la colección se ha tomado del título de un libro del poeta Roberto Obregón, quien fuera desaparecido por fuerzas represivas en la frontera salvadoreña-guatemalteca de Las Chinamas, el 6 de julio de 1970. Es un homenaje a su obra y su memoria.

 

“Es la hora de encender la hoguera. Tiempo de honrar la vida, la muerte, a través de la palabra. Nosotros/as, las convocadas por El fuego perdido, de Roberto, nos congregamos con los huesos entumecidos en la oscuridad de la noche”, escribió Aída Toledo, poeta que por mucho tiempo trabajó como catedrática en universidades de Estados Unidos.

 

Agregó Matheus Kar, de los más jóvenes de la colección: “El fuego perdido supone, en lo personal, cierta reactivación literaria. La pandemia se llevó la presencialidad, el contacto y el tacto. Una colección de poetas guatemaltecos nos recuerda que existen una pluralidad de generaciones, registros, poéticas, formatos y estructuras, más allá de las que pretenden imponer la virtualidad, la distancia y el confinamiento.

 

La suma poética de “El fuego perdido” representa un panorama del quehacer poético guatemalteco actual, que combina la maestría de los mayores con la experimentación y búsqueda de los más jóvenes.

 

La curaduría de esta colección fue realizada por los poetas Mairym Cruz Bernal (Puerto Rico), Ela Cuavas (Colombia), David Robinson (Panamá), Oscar Limache (Perú) y Rodolfo Dada (Costa Rica).

 

Todas las portadas de los poemarios cuentan con pinturas del artista plástico salvadoreño residente en Nueva York, Eduardo Rodríguez.

 

(*) Poeta, editor y periodista cultural salvadoreño, nacido en 1967. Declarado Gran Maestre de Poesía por el Estado salvadoreño, su obra literaria es considerada patrimonio cultural de la nación. Contacto: [email protected]

 

Misiva de Pandora

 

Dioses queridos:

 

No olvido que turbios

—como siempre—

me enviaron a la tierra

encubierta de dones, astucias y belleza;

y que veleidosos

—como siempre—

me dieron órdenes claras

de no abrir jamás la famosa cajita.

 

Pero yo, la dotada con todas las gracias,

jamás ignoré que ustedes

—turbios y veleidosos—

me hacían instrumento de rencores antiguos

y que males eternos llevaba entre las manos.

 

Entonces

un día en que la tierra soñaba con trascender

más allá del deseo de los dioses,

con ojos inocentes miré hacia el Olimpo,

abrí la cajita

y terminé para siempre con ustedes.

 

(Por demás les digo

que ni la esperanza quedó en la cajita

porque sólo ustedes creyeron en ella

cuando turbios y veleidosos

me hicieron instrumento de sus males)

 

Delia Quiñónez