El tiempo, la vida, la mujer independiente y el Arte

Por: Ricardo Ballón*

 

Los años 70´s, si bien arrasaron casi con todo, la literatura explotó con el “Boom“, Borges, Cortázar, Octavio Paz, Vargas Llosa, Lezama y tantos otros, la música se inmortalizó con los Beatles, Rolling Stones, Pink Floyd, King Crimson, Cat Stevens, Bob Dylan, Eric Clapton, y demás monstruos del Rock.

 

También aparecieron trovadores utopistas, Joan Manuel Serrat, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Mercedes Sosa, Violeta Parra y muchas voces cantándole a los sueños y a la utopía; en pintura las formas y colores llegaron a dimensiones fantásticas con Picasso, Dalí o Miró, la política fue una apuesta de gigantes como el Che, Mao, Mandela, Fidel o John Kennedy.

 

El mayo de 1968 fue seguido por las victorias de Vietnam y Sud África, la Iglesia tercermundista y tantas otras maravillas.

 

Pero la mayor maravilla es la existencia de las mujeres de nuestra generación, hoy todas ellas sobre los 50 años, pero con una lozanía en el alma evidente, son esa Maga que creíamos fantástica en Rayuela, con la que hoy nos encontramos de casualidad y sin pensarlo, «por esas casualidades mágicas de la vida», en las esquinas de nuestro presente, con sonrisa serena.

 

Ellas con esa mirada profunda que enamora, con ese caminar seguro que no les conocíamos, seductoras con almas de guerrilleras, unas intelectuales, otras feministas, otras esotéricas encantadoras, todas con algo que dar o decir. Madres luchadoras maravillosas y dedicadas, trabajadoras e independientes, mujeres seductoras.

 

De la minifalda o sari hippie al blue jean, luego al corte sastre con ese chal informal que las desenvuelve y nos envuelve, sin maquillaje ni peinado de peluquería, fueron derribando las poses cosméticas y formales, ahora son ellas mismas, grandes y bellas, hermosas y admirables…son toda una poesía.

 

Esas mujeres maravillosas que nos ha regalado nuestra generación, eso hace que tengamos al frente o nuestro lado a una mujer tan atractiva y además una mujer tan interesante, una mujer para soñar, para compartir y caminar de la mano, disfrutar de su sonrisa o simplemente escucharla, una gran compañera con quien disfrutar la vida.

 

La belleza trascendente de nuestras mujeres brilla sin cesar, pese a que, como generación, no logramos el cambio anhelado y menos la realización de la utopía; y, sin embargo, la victoria se hace latente en medio de nuestra derrota histórica y la revolución pendiente.

 

Posiblemente del amor al pasado nazca la historia, la nostalgia su sustento. Del acto artesanal doméstico, el decorar nuestro entorno, pasamos a recrear nuestra cotidianidad; quizás esta forma de capturar el presente, sea la creación divina de la necesidad de perdurar, de trascender, ese hechizo de la existencia hizo la magia de la aparición de artistas, quienes hicieron aparecer dioses y demonios, caballos alados y niños con alas en un cielo diseñado para el poder, e incluso horadaron los suelos para en la oscuridad crear miedos e infiernos por encargo.

Los primeros hombres que se apropiaron de las tierras y sus riquezas fueron los guerreros, quienes eran hábiles y feroces ladrones; los caudillos, opresores empedernidos, se hicieron reyes y sacerdotes, por su destreza con el embuste y el hábil manejo del miedo, la promesa y las amenazas.

 

Los reyes proveyeron a los sacerdotes de templos para la administración de los poderes divinos, estos aceptaron gustosos para compartir el dominio terrenal. Y no tardaron en recurrir a los artesanos y artistas para explotar la magia de estos, y utilizar sus creaciones divinas, consolidando el poder imaginario en una corona.

 

Fueron los primeros instrumentos de propaganda para el poder y la fama de los dioses celestiales y de los representantes terrenos, necesitados de perpetuidad  unos y eternidad los otros. Fue una ardua tarea creativa para los artesanos y artistas que debían hacer este milagro que perduraría en la historia de la humanidad

 

(*) Boliviano-estadounidense, periodista, poeta con varios libros publicados.