Muere Pionero de la música latina en Washington, D.C.
La comunidad latina del área metropolitana de Washington despide a uno de los músicos que impulsó la música latina en la capital del país. Fernando Villalta Argueta, cantante, percusionista, director musical e ingeniero de sonido, falleció el 1 de marzo de 2026 a los 84 años, dejando un legado artístico que marcó profundamente la historia de la música latina en la región.
Para muchos músicos y miembros de la comunidad latina en Washington, Villalta fue parte de la generación de pioneros que introdujo y popularizó los ritmos de salsa, merengue, bossa nova y cumbia en los clubes y escenarios del área durante las décadas de 1960 y 1970, cuando la presencia de música latina en la ciudad apenas comenzaba a desarrollarse.
Nacido el 27 de septiembre de 1941 en Sonsonate, El Salvador, Villalta inició su carrera musical en el país centroamericano a principios de la década de 1960 con la prestigiosa orquesta del maestro Paquito Palaviccini, uno de los músicos más influyentes de Centroamérica. Con esta agrupación se destacó como vocalista en el tema “Al di là (Más Allá)” del álbum Bouquet de Melodías, donde su voz suave y elegante comenzó a llamar la atención del público. Con el tiempo sería conocido cariñosamente como “La Voz de Terciopelo.”
Su talento lo llevó a presentarse junto a la orquesta de Palaviccini durante la histórica 1964–1965 New York World’s Fair, donde miles de visitantes internacionales pudieron escuchar los sonidos de la música latinoamericana.
Poco después, Villalta se estableció en Washington, D.C., donde se convirtió en una figura clave del naciente movimiento de música latina en la ciudad. Fue reclutado como percusionista y cantante de Los Internacionales, históricamente la primera orquesta que formó parte de la escena musical latina en la capital de los Estados Unidos.
El grupo debutó en el club Junkanoo, ubicado en el sector de Dupont Circle, uno de los primeros establecimientos del área en presentar música latina en vivo de forma regular. Villalta conquistó al público con interpretaciones de música romántica latina y auténtico sabor latino, contribuyendo a que el club se convirtiera como un punto de encuentro fundamental para la creciente comunidad latina de la época y para quienes buscaban disfrutar de los nuevos ritmos tropicales. Con dicha orquesta, participó en la grabación del album titulado Los Internacionales en Washington , consolidando así su prestigio en la escena local.
En los años setenta y ochenta formó su propia banda, Latin Scorpio, con la que se presentó en numerosos clubes del área de Washington, incluyendo el popular Black Rose Night Club. El grupo se ganó una reputación por sus presentaciones vibrantes que mantenían las pistas de baile llenas noche tras noche.
Posteriormente, Villalta continuó su trayectoria musical, con la Orquesta Esmeralda, con la cual tocó durante muchos años. Durante la década de los noventa y dos mil también viajaba con frecuencia a El Salvador para presentarse en importantes escenarios y compartir su música con el público de su país natal.
Además de su trabajo como intérprete, Villalta se desempeñó como ingeniero de sonido y productor, colaborando en grabaciones de otros artistas locales y apoyando el crecimiento de la escena musical Latina en el área metropolitana de Washington.
Su creatividad también se reflejó en la composición. Junto a su hija Iris Argueta coescribió la canción “La Noche”, la cual fue presentada en el OTI Song Festival en Washington a finales de los años noventa.
A lo largo de su vida, Villalta también grabó una colección de canciones románticas clásicas que resaltaban la calidez y elegancia de su voz.
Para muchos en la comunidad musical, Villalta fue uno de los últimos representantes de la generación de músicos que ayudaron a establecer la presencia de la música latina en Washington. Así como figuras legendarias como Willie Colón dejaron una huella imborrable en la historia de la música latina a nivel internacional, Fernando Villalta Argueta dejó su propia marca en la historia cultural del área metropolitana de Washington.
Su música acompañó a generaciones de inmigrantes latinoamericanos que encontraron en esos ritmos un vínculo con sus raíces, su cultura y su identidad.
Más allá de los escenarios, el legado artístico de Villalta sigue latiendo en las nuevas generaciones. Su nieta, Alanna Sibrián, ha forjado su propio camino como actriz, coreógrafa, cantante y compositora, y recientemente presentó su primer álbum. Otra de sus nietas, Skye Sibrián, destaca como bailarina profesional de conservatorio. Como ellas, otros integrantes de la familia han abrazado las artes, el cine y la música, manteniendo viva la sensibilidad, la pasión y el espíritu creativo que Villalta sembró a lo largo de su vida.
Le sobreviven su esposa, Laura Argueta; sus hijos Iris Argueta-Sibrián, Jesse Argueta y Mayra Argueta; y sus nietos Bethany Argueta, Alanna Sibrián, Skye Sibrián, Elias Argueta, Isabella Marchena y Gabriela Lemus, además de numerosos sobrinos, familiares y amigos.

