25 de septiembre de 2018Actualizado
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Cómo alcanzar el éxito estudiantil a los 18 años

Organización OnePuente.org acompañó a postulante, de padres salvadoreños, en todo el proceso de aplicación a la Middlebury College.

Cómo alcanzar el éxito  estudiantil a los 18 añosErnesto Pineda (a la derecha), presidente de OnePuente.org, junto con Dennis Miranda-Cruz, quien el miércoles viajó a la Middlebury College con una beca integral para seguir estudios de Política y Economía Internacional durante 4 años y medio. Foto: Álvaro Ortiz / Washington Hispanic

Víctor Caycho
Washinton Hispanic

Eran las 8 de la mañana del 29 de marzo cuando Dennis Miranda-Cruz abrió el paquete del correo que había llegado a su nombre hasta su casa en Prince George’s, Maryland, y no lo podía creer. Era de la Middlebury College, que está en la ciudad de Middlebury, fronteriza con Canadá y en el estado de Vermont, la cual figura en el sexto lugar en el ranking de las 124 mejores universidades nacionales de artes liberales en toda la nación. ¿Cómo lo logró? ¿De qué manera un joven de ascendencia hispana –cuyos padres son originarios de El Salvador-, consiguió vencer esas barreras, que para muchos resultan insuperables? Dennis, de 18 años, cuenta aquí su apasionante historia, junto con Ernesto Pineda, presidente de OnePuente.org, la organización que le dio el impulso que necesitaba para hacer realidad esta hazaña estudiantil y sobre todo enseñarle a vencer sus miedos y resolver sus problemas.

WASHINGTON HISPANIC: ¿Cómo se enteró que había sido admitido en esa universidad?
DENNIS MIRANDA-CRUZ: Ese 29 de marzo, en plenas vacaciones de primavera, abrí el paquete que venía del Middlebury College y que encontré en la mesa donde acostumbro hacer mis tareas y donde nosotros, con mis padres y mis hermanos, también comemos y conversamos. Efectivamente, contenía una carta del Director de Admisiones donde me informaban que había pasado todas las pruebas.

W.H.: ¿Y cuál fue su primera reacción?
D.M.C.: No lo podía creer. Sentí algo inexplicable. Por un lado yo estaba extremadamente feliz pero al mismo tiempo pensaba en que posiblemente se trataba de un sueño. Enmudecí por unos momentos. Entonces se acercaron mis padres, Sandra y José Miranda, que son de El Salvador. Vi que estaban muy felices. Ellos llamaron a mis hermanos para que se acerquen a la mesa y todos me abrazaron.

E.H.: ¿Qué carrera seguirá?
D.M.C.: Estudiaré Política y Economía Internacional. Pero al mismo tiempo seguiré otro idioma. Ya estudio italiano, que hablo con fluidez y el próximo año viajaré a Italia con una beca para perfeccionarlo. Ahora deseo aprender el mandarín, el mayor idioma de China. Tomé esa decisión por la proyección que tiene y porque en el mundo la próxima más grande economía será la de los chinos.

W.H.: Después de haber cumplido esta proeza, ¿qué consejo puede darle a otros jóvenes en su misma situación?
D.M.C.: No puedo mentirles y decirles que todo consiste en trabajar fuerte y que todo va a venir después. Se necesita mucho sacrificio y seguir la asesoría y el acompañamiento de organizaciones como OnePuente.org. Necesitan saber que hay temporadas que van a ser muy difíciles, cuando uno piensa que no es posible avanzar más. ¿Qué hago yo? Trato de mejorar mi mentalidad recordando lo que hacen mis padres, saber que ellos trabajan muy duro para que nosotros podamos subir un peldaño más.

W:H: No es nada fácil el proceso, ¿no?
D.M.C: Sí, más aún si es un inmigrante como yo. Mis padres, como ocurre a menudo, no conocen mucho del sistema. Ellos no sabían que existía una universidad que se llama Middlebury College, que está en un estado que es Vermont. Nada. Menos que se trata de una de las grandes universidades del país. Se alegraron por supuesto, pero no lograban asimilar lo que eso significaba. Ya cuando les mostraron la lista, en la que la Middlebury está en el sexto puesto entre 124 grandes universidades recién exclamaron: “¡Wow, nuestro hijo estará allí!”

W.H.: ¿Cómo se enteró que existía esta organización y este programa de OnePuente.org?
D.M.C.: Por un amigo de mis padres. Un día fue con su carro al taller donde trabajan mis padres, porque necesitaba ayuda. El sabía de la existencia de este programa y les informó. Yo estaba en mi último año en la escuela secundaria en Greenbelt, en el condado de Prince George’s, Maryland.

W.H.: ¿Ya se preparaba para la universidad?
D.M.C.: Así, pero antes debía pasar el examen del SAT y con un score muy alto. Para las universidades competitivas como la Middleburn College no puedo tener 1,400 de puntaje. Es alto pero no lo suficiente. Y el examen es muy difícil, dura más de dos horas. Y ese examen me dictaba mi futuro. Si alcanzaba un score intermedio, lo más que podía hacer es ir a una universidad comunitaria.

W.H.: ¿No se conformaba con eso?
D.M.C.: No. Y yo estaba muy frustrado, no sabía qué hacer, tenía miedo de mi futuro. Y me decía, si no hago un buen trabajo en ese examen, ¿adónde voy? Porque en mi comunidad hay muchos jóvenes que terminan la escuela secundaria y no van a la universidad. Terminan en I-Hop, McDonalds, etc. Además, soy el mayor de mis hermano, y no tengo modelo para ver.

W.H.: ¿Qué impresión le causó conocer la organización que le recomendaron?
D.M.C.: Encontré un grupo de profesionales que son inmigrantes como yo, con jóvenes inmigrantes que estudian para aplicar en grandes universidades como Stanford, Georgetown, Chicago, Berkeley, Harvard o Middleburn. Con el mismo color. Me di cuenta que podemos soñar y tener mucho más. No necesitamos quedarnos aquí en la comunidad para sobresalir. Los puentes se abren, no hay límites. Después entré al programa y el personal, empezando con su presidente Ernesto Pineda me ayudó a presentarme en las entrevistas en la universidad.

W.H.: ¿Hubo algún momento en el que pensó dejar las clases?
D.M.C.: Oh, sí. No lo puedo negar, tenía miedo. Veía todo eso tan difícil y sentía que no podía hacer más. Y me decía, ¿qué hago Dios mío?, ¿cómo voy a poder hacer todo esto? Allí fue cuando la organización acudió en mi ayuda, virtualmente y por teléfono. Y me dijeron, ‘okay, ¿por qué estás diciendo que te sientes así? Yo les respondí, ‘la realidad es que tengo miedo’. ‘¿Miedo a qué?’, me preguntaron. Y les volví a responder: ‘Miedo a que no soy lo suficientemente bueno, miedo a que puedo fracasar’. Entonces escuché las palabras que necesitaba. ‘Dennis, todos experimentamos ese miedo. La diferencia está en que reconozcamos ese miedo y dejemos de decir que estamos confundidos. Y allí estuvieron los del programa para acompañarme, a la par. Ahora se que debemos reconocer que tenemos miedo, como lo tienen todos, y que a pesar de ese miedo podemos seguir adelante.

W.H.: Esta es la pregunta más difícil. ¿A qué edad piensa casarse?
S.M.C.: Jajajá. Bueno, después de tener mi maestría. No antes de 25 o 28 años. Primero hay que estar muy seguro en lo que uno tiene, tener una casa y un buen trabajo. No hay tiempo para novia todavía. Es un proyecto… que veré después.

La organización
W.H.: ¿De qué manera la organización OnePuente.org logra atraer a los estudiantes para ayudarlos a seguir una carrera?

ERNESTO PINEDA: El proyecto se abre una vez el año. El proceso de acompañamiento dura doce meses. Dennis es el primer gran caso de éxito que tenemos. Empezamos el año pasado este proyecto y logramos que él entrara a la escuela de artes liberales número 6 de las 124 escuelas seleccionadas con las que se elabora el ranking a nivel nacional. Es un honor saber que él ha llegado a ese lugar y que le han dado un paquete de ayuda financiera muy generoso, según el cual él viaja este miércoles 29, con todos los gastos pagados.

W.H.: ¿Y qué necesitan los estudiantes para acceder a este programa?
E.P.: Son tres pasos. Número uno, la aplicación es en línea. Solamente tienen que ir a OnePuente.org, es nuestro sitio web. La aplicación se abre en el mes de septiembre así que tienen 30 días para enviar y subir los documentos. Deben tener un GPA (promedio de notas en secundaria) no menor a 3,7. En segundo lugar, debe tres cartas de recomendación, dos de ellas académicas y la restante de un líder comunitario. Porque no todo es académico. Y número tres, la pasión, que debe estar en un 120 por ciento. Significa estar dispuesto a dar todo lo que tiene, porque nosotros no dejamos nada en la mesa. Lo ponemos todo.

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