Departamento de Guerra elimina el requisito de vacunación contra la gripe para militares
El Departamento de Guerra eliminó este martes el requisito de vacunación contra la gripe para los miembros de las Fuerzas Armadas estadounidenses, que a partir de ahora pasa a ser voluntaria para todos los militares, tanto en servicio activo como en la reserva, y para el personal civil del departamento.
«Con efecto inmediato, la vacuna anual contra la gripe es voluntaria para todos los miembros del servicio de los componentes activo y de reserva, y para el personal civil del departamento de Guerra», recoge un memorando firmado por el secretario de Defensa, Pete Hegseth.
En un vídeo publicado en X este martes, el jefe del Pentágono consideró que la vacunación obligatoria para todos los miembros del servicio «carece de racionalidad».
«Estamos aprovechando este momento para descartar cualquier mandato absurdo y excesivo que solo debilita nuestras capacidades de combate», declaró Hegseth.
Por ello, en una afirmación que rompe con las pautas sanitarias tradicionales, animó a los militares estadounidenses a decidir libremente si quieren o no vacunarse.
«Nuestra nueva política es sencilla: si usted, un guerrero estadounidense, considera que la vacuna contra la gripe redunda en su propio beneficio, entonces tiene la libertad de ponérsela. Debería hacerlo, pero no lo obligaremos; porque su cuerpo, su fe y sus convicciones -así como su salud- no son negociables. Es sentido común», añadió.
El objetivo, explicó, es tomar medidas para «devolver la libertad y la fortaleza» al ejército.
La Administración del presidente estadounidense, Donald Trump, ha mostrado en varias ocasiones una postura escéptica con respecto a las vacunas.
Durante la pandemia, el secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr. – que siempre ha compartido su rechazo a las inmunizaciones- llegó a equiparar la obligación de vacunarse con «vivir en el Tercer Reich», comparando estos programas con un régimen totalitario.
El pasado mes de septiembre, el propio Trump protagonizó una polémica al vincular, sin evidencias, las vacunas y el autismo, que afecta a uno de cada 31 niños en Estados Unidos.

