25 de septiembre de 2018Actualizado
Nacional
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Niños felices con sus padres

Risas y llantos de alegría de los familiares de nueve menores conmueven aeropuerto guatemalteco La Aurora.

Niños felices con sus padresLourdes de León abraza fuertemente a su hijo de seis años Leo Jeancarlo, en el albergue estatal “Nuestras Raíces, en Ciudad de Guatemala. No veía a su hijo desde mayo, cuando los separaron al cruzar la frontera de EEUU en Arizona. Llora de felicidad junto a sus familiares. Otros nueve niños fueron regresados a Guatemala el martes 7. Foto: Oliver de Ros / AP

Redacción
Washinton Hispanic

Vivieron por varias semanas una odisea increíble y por supuesto dolorosa, que quedará registrada para siempre en sus memorias. Fueron separados hace varios meses después de ser puestos bajo custodia de la policía fronteriza cuando llevados por sus padres cruzaron la frontera entre México y Estados Unidos. Hasta allí habían llegado procedentes de Guatemala, su tierra natal, huyendo de la pobreza y en busca de un futuro mejor.

El martes 7, esa odisea terminó. Las lágrimas y el dolor se convirtieron en risas de plena felicidad. El aeropuerto La Aurora de Ciudad de Guatemala, donde nueve de esos niños tuvieron una gran fiesta de bienvenida, y posteriormente un albergue estatal hasta donde fueron llevados para reunirse con sus progenitores, aparecían colmados de dicha.

Lourdes de León, una de las madres, no dejaba de llorar. Pero eran lágrimas de suprema alegría. Con ella los familiares que la acompañaban se debatían también entre el llanto y las risas. Entonces Lourdes vio a su hijo Leo Jeancarlo, de seis años, y se lanzó hacia él para abrazarlo y darle muchos besos. Ambos habían sido separados tras pasar la frontera de Estados Unidos en mayo. Desde esa fecha no lo veía.
Al salir del albergue con Leo, Lourdes explicó a periodistas que sintió un gran alivio y felicidad.

“Estoy feliz. Lo único que quiero es estar con mi hijo a solas”, dijo mientras subía a un bus.

Lourdes explicó también que no regresará a su natal San Marcos, un departamento fronterizo con México, sino que permanecerá unos días con familiares en la capital guatemalteca. Al preguntarle si nuevamente intentaría migrar a Estados Unidos, dio un rotundo “no”.

Como ella, otras ocho familias sintieron la misma dicha. Los padres prometieron a sus pequeños que “nunca más” volverían a verse separados.

Lourdes de León no puede parar de llorar. Está feliz de reunirse con su hijo Leo Jeancarlo, de seis años, porque ambos fueron separados en mayo pasado al cruzar la frontera entre Estados Unidos y México.

Su hijo llegó el martes 7 a Guatemala en un vuelo de United Airlines desde Nueva York junto a tres niños más. Horas más tarde llegó otro grupo de menores para sumar un total de nueve, todos guatemaltecos de entre cuatro y 14 años, según la Procuraduría General de la Nación.

Una niña de 14 años llegó embarazada. También fue deportada desde Nueva York y tenía un alerta Alba-Keneth, similar a las alerta Amber, para su localización.

“Quiero ver a mi mamá”, decía Leo al bajar del avión e ingresar a una pequeña sala de juegos pintada de azul, blanco y amarillo pastel en el Aeropuerto capitalino de La Aurora. Ahí los niños comían galletas de fresa y tomaban Incaparina, una bebida hecha a base de maíz y soya que es un suplemento alimenticio muy común en el país centroamericano. Ahí Leo comió y jugó con legos, se puso una peluca afro y rió mientras esperaba ser registrado y revisado por un médico. Luego fue trasladado al albergue estatal “Nuestras Raíces”, donde tres horas después encontró a su mamá.

Dentro del albergue estaba su madre, de 27 años, que lo había esperado desde las ocho de la mañana. Cuando volvieron a verse, alrededor de la 2:30 de la tarde, se hincó para abrazarlo.

“Te prometo que nunca más me voy a separar de ti”, dijo Lourdes llorando.

Leo sólo cargaba una mochila, un pequeño maletín con ropa y vestía jeans, camiseta de Spider-Man y una gorra azul.
Al salir del albergue con Leo, Lourdes explicó que sintió un gran alivio.

“Estoy feliz. Lo único que quiero es estar con mi hijo a solas”, declaró mientras subía a un bus alquilado por la cadena Univisión para transportarla.

Lourdes explicó también que no regresará a su natal San Marcos, un departamento fronterizo con México, sino que permanecerá unos días con familiares en la capital guatemalteca. Al preguntarle si nuevamente intentaría migrar a Estados Unidos, dio un rotundo “no”.

Nazario Jacinto Carrillo también llegó a la capital guatemalteca desde su oriundo Huehuetenango –unos 300 kilómetros al noreste de la capital- a recoger a su hija Filomena, de cinco años. La niña era una de las más pequeñas en el grupo.

Cuando bajó del avión se tomó de la mano con otra menor y llegaron juntas hablando. Una vez en la sala de espera del Aeropuerto empezó a preguntar “¿a qué hora voy a ver a mi papá?”, mientras una psicóloga le explicaba que debía esperar un poco. “También quiero ver a mi hermanita”, dijo.

Jacinto también fue separado de su pequeña por la patrulla fronteriza al intentar migrar a Estados Unidos hace tres meses. Su hija, como Leo, permaneció en el centro de atención Cayuga Center, en Nueva York.

A diferencia de Lourdes, Jacinto evitó hablar con periodistas.

Cuando los menores de edad deportados llegan a Guatemala son recibidos por personal de la Procuraduría General de la Nación, que los documenta en un área adaptada para tal fin. Allí también son revisados por un médico, luego son trasladados al albergue y posteriormente reunificados con sus familiares.

3,135 menores han sido deportados desde Estados Unidos y México en lo que va del año. De ellos, 53 niños separados de sus familias han sido reunificados con sus familiares, informó el viceministro de Relaciones Exteriores de Guatemala, Manuel Estuardo Roldán.

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