22 de julio de 2019Actualizado
Nacional
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Adolescentes embarazadas migrantes son muy vulnerables

Las condiciones en que están los migrantes han suscitado protestas.

Adolescentes embarazadas migrantes son muy vulnerables

AP
Washington Hispanic

Mientras se multiplican las historias de penurias y hacinamiento en las instalaciones de detención de migrantes en la frontera sur de Estados Unidos, un grupo se destaca por su extrema vulnerabilidad: las adolescentes que son madres o están embarazadas y no llegan acompañadas por sus propios padres.

Los defensores y abogados de los inmigrantes dicen que las jóvenes no reciben un trato médico especial mientras están encerradas en instalaciones tan atestadas que los migrantes deben dormir en el suelo o permanecer de pie durante días. Como resultado, las jóvenes dicen estar mal alimentadas, tienen mala higiene y los bebés se enferman.

Su calvario no finaliza cuando las liberan, lo que sólo puede suceder cuando un patrocinador aprobado _generalmente un familiar_ les da alojamiento mientras su caso se desenvuelve en las cortes. Dada su falta de estatus legal y de medios para pagar guarderías, les es casi imposible conseguir trabajo, y la batalla para quedarse en Estados Unidos legalmente se hace cuesta arriba aunque sus hijos sean ciudadanos estadounidenses.

“El común de los menores no acompañados que llegan enfrenta muchos retos debido a la falta de acceso a representación legal, problemas en la educación, falta de apoyo, carencia de tratamiento de salud mental”, dijo Priya Konings, subdirectora de servicios legales de Kids in Need of Defense, que ayuda a los menores no acompañados. “Cuando eso se combina con ser una joven madre o estar embarazada, todo se vuelve doblemente difícil”.

El escandaloso hallazgo el mes pasado de una guatemalteca de 17 años que acunaba a una bebé evidentemente prematura en un centro de detención provocó indignación en la opinión pública y puso de relieve las dificultades que enfrentan las adolescentes. La madre había tenido una cesárea de emergencia en México a principios de mayo y había cruzado la frontera con su bebé el 4 de junio. Los abogados la descubrieron sentada en una silla de ruedas, presa de un dolor extremo.

La niña y la bebé están evolucionando bien ahora después de salir de las instalaciones en McAllen, Texas, donde las habían encerrado, dijo su abogada, Hope Frye.

“Están en un lugar seguro y la bebé es la favorita de todos”, dijo Frye.

Los abogados y activistas han dado a conocer sus testimonios en una época en que las agencias de inmigración tienen dificultades para manejar el elevado número de migrantes que cruzan ilegalmente desde México y terminan en instalaciones mal equipadas y cada vez más hacinadas de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP por sus siglas en inglés), la primera dependencia a cargo de su detención. La CBP debe entregar a los niños no acompañados al Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) en 72 horas, pero la sobrepoblación es tal que a veces pasan semanas antes de que los menores sean entregados a esta última.

La CBP ha reiterado que no está preparada para atender al gran número de familias y menores solos que llegan a la frontera, y afirma que sus agentes no están capacitados para ser cuidadores.

Cuando se le pidió que hiciera declaraciones sobre el trato a adolescentes embarazadas o con bebés, un portavoz mencionó la guía de la agencia sobre el trato a personas detenidas, según la cual las migrantes menores de edad y quienes estén embarazadas o criando un bebé deben recibir en forma regular bocadillos, leche y jugo.

Las condiciones en que están los migrantes han suscitado protestas.

El jueves en Filadelfia, unas 300 personas se manifestaron afuera del edificio en el que se encuentran las oficinas del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE por sus siglas en inglés). La policía dijo que algunos manifestantes interrumpieron brevemente el desfile por el feriado del 4 de julio y que 33 personas fueron detenidas, además de entregarles citatorios. La organizadora Sarah Giskin dijo antes que los inconformes exigirían el cierre de los centros fronterizos de detención y la desaparición del ICE.

El número de menores no acompañados que viajan a Estados Unidos ha aumentado en el último año. La CBP ha aprehendido a poco más de 56.200 jóvenes no acompañados en la frontera suroeste de octubre a finales de mayo, en comparación con los 50.000 en el año fiscal pasado. Se desconoce cuántas de esas personas estaban embarazadas o tenían bebés. Sin embargo, la Oficina de Reubicación de Refugiados dice que ha tenido en custodia desde octubre a unas 500 adolescentes con bebés.

El viaje a Estados Unidos puede ser particularmente peligroso para las adolescentes embarazadas, dijo Nicole Ramos, directora del programa para refugiados de Al Otro Lado, una organización que asiste a solicitantes de asilo.

“Me parece que las adolescentes embarazadas son vulnerables al tráfico de personas. No tienen recursos. Son menores, no son conocedoras del mundo”, declaró Ramos.

Diversos informes y documentos judiciales federales muestran que las tribulaciones de esas personas no terminan cuando quedan en custodia federal. Dos informes de inspectores gubernamentales del gobierno destacaron las condiciones severas y peligrosas de hacinamiento en instalaciones de la Patrulla Fronteriza en El Paso y McAllen, Texas.

En entrevista con abogados el mes pasado, madres jóvenes detenidas en diversas instalaciones fronterizas en Texas como menores que llegaron solas describieron haber tenido hambre y frío, así como miedo porque sus hijos estaban enfermos.

Una hondureña de 17 años con una hija de 1 dijo que estuvo detenida semanas en el centro de procesamiento de McAllen después de que cruzó la frontera el 29 de mayo. La menor indicó que le permitieron ducharse una vez, pero no de nuevo 12 días después, y que la ropa de su bebé estaba sucia con vómito.

“Nos daban emparedados fríos y con comida cruda; no los comimos”, señaló la menor.

En una entrevista separada, una guatemalteca de 16 años con un hijo de 1 que estuvo al menos dos semanas en custodia de la CBP dijo a un abogado que a ella y a su bebé no les daban suficiente comida.

“Antes de que viniéramos aquí mi bebé ingería comida sólida tres veces al día, pero ahora sólo recibe leche de pecho y a veces una galleta. Me sale poca leche de pecho porque no estoy comiendo ni bebiendo los suficientes líquidos”, dijo la menor.

Cuando son puestas en libertad, las jóvenes madres enfrentan nuevos y numerosos desafíos, dijo Konings, de Kids in Need of Defense. Las menores no reciben representación legal automática en las cortes de inmigración porque su caso es considerado civil y no penal. A menudo carecen de acceso a servicios de salud mental. Y aunque los niños nacidos en Estados Unidos tienen derecho a atención, por lo general sus madres tienen miedo de solicitarla por temor a que les afecte negativamente sus casos de inmigración. Las madres jóvenes también tienen dificultades para encontrar trabajo cuando cuidan a su hijo y les es imposible cubrir todas sus necesidades, señaló Konings.

Tener un hijo nacido en Estados Unidos no garantiza que el padre o la madre puedan permanecer legalmente en el país, señaló Konings. Un ciudadano estadounidense debe tener 21 años para que él o ella puedan patrocinar a un padre. E incluso entonces a los padres sorprendidos viviendo sin permiso en Estados Unidos se les prohíbe regresar al país durante 10 años.

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