El estrés grave y continuo afecta al cerebro de los niños

El estrés grave y continuo  afecta al cerebro de los niños

Lindsey Tanner/AP

 

Los espacios seguros, ratos de silencio y ejercicios de respiración que hacen que alumnos de parvulario en el Verner Center for Early Learning que están diseñados para ayudar a los niños a lidiar con el estrés intenso para que puedan aprender. Pero los expertos confían en que haya un beneficio aún mayor, proteger los cuerpos y cerebros de los pequeños de un estrés tan persistente que pueda volverse tóxico.

No es ningún secreto que crecer en circunstancias duras puede cobrarse un precio en los niños y llevar a problemas de comportamiento y aprendizaje. Pero los investigadores han descubierto algo diferente. Muchos creen que el estrés en la primera infancia _producido por una pobreza extrema, la negligencia, adicciones de los padres y otras penurias_ puede calar bajo la piel, dañando el cerebro de los niños y otros sistemas del cuerpo.

Las investigaciones sugieren que este estrés puede fomentar algunas de las principales causas de muerte y enfermedad en la vida adulta, como los ataques de corazón y la diabetes.

“El daño que sufren los niños de la enfermedad infecciosa del estrés tóxico es tan grave como el daño de la meningitis o la polio o la tos ferina”, dijo la doctora Tina Hahn, pediatra en la zona rural de Caro, Michigan. Su objetivo número uno cómo médico, señaló, es prevenir el estrés tóxico. Hahn suele preguntar a las familias sobre el estrés en casa, les educa sobre los riesgos y les ayuda a encontrar formas de gestionarlo.

El un creciente número de estudios sobre los riesgos biológicos del estrés tóxico está impulsando una nueva estrategia de salud pública para identificar y tratar los efectos de la pobreza, el abandono, los abusos y otros problemas. Aunque algunos miembros de la comunidad médica cuestionan esas investigaciones, cada vez más pediatras, especialistas de salud mental, educadores y líderes comunitarias adoptan una atención al respecto.

La estrategia se basa en la premisa de que el estrés extremo o los traumas pueden provocar cambios en el cerebro que pueden interferir con el aprendizaje, explicar un comportamiento problemático y poner en riesgo la salud. El objetivo es identificar a los niños y familias afectados y ofrecer servicios para tratar o prevenir el estrés continuado. Esto puede incluir clases de paternidad, tratamiento contra adicciones para los padres, programas con la escuela o la policía y psicoterapia.

“Sabemos que si no se sienten seguros no pueden aprender”, dijo Martin.

El cerebro y el sistema inmunológico no están totalmente formados en el nacimiento, y podrían ser vulnerables a daños por problemas en la infancia, según estudios recientes. Se cree que los primeros tres años son los más cruciales y que los niños que no tienen padres devotos ni otros parientes que les ayuden a lidiar con la adversidad son los más vulnerables.

 

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