21 de noviembre de 2017Actualizado
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Fallece la leyenda del rock ‘n’ roll Chuck Berry

Chuck Berry, el primer narrador y guitarrista estrella del rock, murió el sábado en su casa al oeste de St. Louis.

Fallece la leyenda del rock ‘n’ roll Chuck BerryMichele Limina/Keystone vía AP

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Washington Hispanic

C

huck Berry, el primer narrador y guitarrista estrella del rock, que reflejó la alegría y la rebeldía de esta música en clásicos como “Johnny B. Goode”, “Sweet Little Sixteen” y “Roll Over Beethoven”, murió el sábado en su casa al oeste de St. Louis. Tenía 90 años.

Los rescatistas convocados por su cuidadora a la residencia de Berry, ubicada en un área no incorporada a ningún órgano administrativo local, lo hallaron inconsciente alrededor de las 12:40 de la tarde, indicó en un comunicado la policía del condado St. Charles en Missouri. Los intentos por reanimarlo fracasaron, y fue declarado muerto poco antes de la 1:30 de la tarde.

Val Joyner, vocera de la policía, le dijo a The Associated Press que no tenía detalles adicionales sobre la muerte del músico, de quien dijo era “realmente una leyenda”.

Su repertorio abarca unas tres docenas de canciones y su influencia fue incalculable. Los Beatles, los Rolling Stones y prácticamente cualquier grupo que se considere de rock ‘n’ roll, pasando por las bandas que ensayan en garajes hasta las que llenan estadios, tienen una deuda con Berry.

“R.I.P. y paz y amor Chuck Berry señor música de rock ‘n’ roll”, tuiteó Ringo Starr en reacción al fallecimiento. “Sólo déjame escuchar algo de esa música de rock ‘n’ roll…”, afirmo el baterista de los Beatles, en una cita de un éxito del cantautor.

Mientras que Elvis Presley le dio al rock su imagen lujuriosa y su meneo de caderas, Berry fue el artista que estableció la fórmula de un sonido revolucionario y una forma de vida. Mucho antes del éxito de Bob Dylan, Berry unió el comentario social con el ritmo y la fiebre de la música popular.
“Cantaba buenas letras, y letras inteligentes, en la década de 1950, cuando la gente cantaba ‘Oh, nena, te amo tanto”’, observó John Lennon alguna vez.

Berry, ya cerca de los 30 años y antes de su primer gran éxito, escribía canciones que conectaban con los adolescentes de la época y se mantenían frescas décadas después. “Sweet Little Sixteen” describió el mundo de las fans del rock ‘n’ roll, una incipiente e inocente oda a las jóvenes a las que posteriormente se les conoció como “groupies” (“admiradoras”).

En “School Day” contaba las peripecias en un salón de clases (“Historia de Estados Unidos y matemáticas prácticas; estudias duro con la esperanza de aprobar…”, dice la letra) y la liberación con el rock ‘n’ roll cuando por fin sonaba la campana al final de la jornada.

“Roll Over Beethoven” fue un himno al poder del rock para hacer historia, mientras que “Rock and Roll Music” fue una guía para todas las bandas que siguieron (“Tiene un ritmo de fondo, no puedes perderlo”).

“Back in the U.S.A.” fue un honesto homenaje de un hombre negro a su país, en una época en la que no había garantías de que a Berry lo atenderían en las cafeterías y restaurantes con ventanilla para vehículos a los que rendía honores.

“Todo lo que escribí no era sobre mí, sino sobre las personas que escuchaban”, declaró alguna vez el artista.

Berry, como Dylan, podría “comunicar una abundancia de gozo infantil en el descubrimiento lingüístico”, escribió el crítico Robert Christgau en la “Historia ilustrada del rock and roll” de Rolling Stone. Como el poeta Walt Whitman, añadió Christgau, Berry estaba “totalmente inmerso en Estados Unidos; los Estados Unidos de Melville y el Ford Edsel, el burlesque y los funerales pagados a plazos”.

“Johnny B. Goode”, la historia de un chico campirano que toca la guitarra y cuya madre le dice que será una estrella, fue la canción distintiva de Berry, el arquetipo narrativo de los aspirantes a roqueros y una de las grabaciones más eufóricas en la historia de la música. Berry apenas puede contenerse, las palabras salen a borbotones de su boca mientras describe los bosques de la Louisiana profunda, y el aluvión de guitarra, batería y teclados amplifican cada grito de “Go, Johnny Go!” (“¡Sigue, Johnny sigue!”).

Para este tema se inspiró en parte en Johnnie Johnson, el maestro del piano de boogie-woogie que colaboró con muchos de los éxitos de Berry, aunque esa historia podría ser fácilmente la de Berry, Presley o innumerables músicos.

La estrategia comercial hizo universal a la canción: Berry quería haber descrito a Johnny como un chico negro, pero lo cambió por un “chico de campo”, lo que permitió no sólo que sonara en la radio, sino que músicos de cualquier origen se imaginaran como estrellas.

“Es posible que uno tenga talento”, escribió más tarde Berry sobre la canción. “¿Pero vendrá la fama y la luz a uno? ¡No! ¡Uno tiene que ir por ellas!”.

Johnny B. Goode solo podía ser un guitarrista. La guitarra era el instrumento bandera del rock’ n’ roll, y el claro sonido de Berry, un crisol de destellos country y fondo de rhythm ‘n blues, enganchó al menos a una generación de músicos, como Keith Richards, de los Rolling Stones, que una vez reconoció haber “copiado cada gesto” de su héroe; George Harrison, de los Beatles; Bruce Springsteen o Pete Townshend, de los Who.

En 1986, Berry se hizo un puesto en el Salón de la Fama del Rock and Roll, junto a Presley, Holly, Little Richard y otros músicos.

Cuando la NASA lanzó la sonda espacial no tripulada Voyager I en 1977, un álbum colocado en la nave explicaba la música de la Tierra a los extraterrestres. La única canción de rock incluida fue “Johnny B. Goode”.

Charles Edward Anderson Berry nació en St. Louis el 18 de octubre de 1926. De niño practicó un paso para caminar con las rodillas dobladas que le permitía pasar bajo las mesas, un preludio del “paso del pato” de sus años adultos. Su madre, como la de Johnny B. Goode, le dijo que triunfaría en grande.

Aficionado al blues, el swing y el boogie woogie, Berry estudió la mecánica misma de la música y cómo se transmitía. De adolescente le encantaba desmontar radios y volver a armarlos. Con el manual “Nick Mannaloft’s Guitar Book of Chords” aprendió cómo tocar los éxitos del momento. Estaba fascinado por las progresiones y ritmos de cuerda, descubriendo que muchas canciones tiraban mucho del “I Got Rythm” de Gershwin.

Su carrera musical comenzó a los 15 años, cuando subió al escenario en un acto escolar para hacer su propia versión de “Confessin’ the Blues”, de Jay McShann. Berry nunca olvidaría la ovación que recibió.

“Los ánimos de esa interpretación me ayudaron durante mucho tiempo a programar mis canciones, e incluso a tocarlas cuando actuaba”, escribió en su autobiografía. “Añadía y eliminaba en función de la respuesta del público a diferentes gestos, y elegía canciones para trabajar sobre un espectáculo que estimulara constantemente a mi público”.

Por otro lado, tuvo problemas con la ley que empezaron en 1944, cuando un alegre viaje a Kansas City se convirtió en una cadena de delitos que incluyó robos a mano armada y de un coche. Berry cumplió tres años de una sentencia de 10 en un reformatorio.

Un año después de su liberación en octubre de 1947, el músico conoció y se casó con Themetta Suggs, que se mantuvo a su lado pese a algunas de sus conocidas aventuras.

Berry empezó entonces a actuar con bandas locales. Para 1950 había progresado, tocaba una guitarra eléctrica de seis cuerdas y grababa toscas maquetas en una máquina rudimentaria. En la fiesta de Nochevieja de 1952 en el club Cosmopolitan de East St. Louis, Illinois, Johnson llamó a Berry para suplir a un saxofonista enfermo en su Sir John Trio. Le dio una oportunidad y su primera actuación comercial, por 4 dólares, recordaría Berry más tarde.

“Estaba emocionado. Mi mejor momento se convirtió en un lío. Le robé el grupo a Johnnie”, afirmó.
Influido por el líder de banda Louis Jourdan, el guitarrista de blues T-Bone Walker y el músico de jazz Charlie Christian, pero también afín a la música country, las novedades y el creciente público adolescente tras la Segunda Guerra Mundial, Berry firmó con el sello Chicago Chess Records en 1955. “Maybellene” reconstruyó la canción de country “Ida Red” y se colocó entre los 10 primeros puestos de las listas nacionales de pop, un raro logro para un artista negro en esa época.

Según Berry, el dueño de su discográfica, Leonard Chess, se vio seducido por la novedad de “un sonido rústico cantado por un hombre negro”, una inversión de las versiones de Presley de temas de blues.
Después llegaron otros éxitos, como “Roll Over Beethoven”, “School Day” y “Sweet Little Sixteen”.
Entre sus otras canciones están “Too Much Monkey Business”, “Nadine”, “No Particular Place To Go”, “Almost Grown” y la subida de tono “My Ding-A-Ling”, que lideró las listas en 1972.

Berry también apareció en una docena de películas, haciendo su característico “paso del pato” en varias cintas para adolescentes de la década de 1950. Richards organizó el bien recibido documental de 1987 “Hail! Hail! Rock ‘n Roll”, que incluyó fragmentos de un concierto en el teatro Fox de St. Louis para celebrar el 60 cumpleaños de Berry. Allí actuaron Eric Clapton, Little Richard y Jerry Lee Lewis, que recordó que su propia madre le dijo que el auténtico rey del rock ‘n’ roll no era él, sino Berry.

Artistas de la música country, el pop y el rock han grabado canciones de Berry, como los Beatles (“Roll Over Beethoven”), Emmylou Harris (“You Never Can Tell”), Buck Owens (“Johnny B. Goode”) y AC/DC (“School Days”). El primer sencillo de los Rolling Stones fue una versión de su tema “Come On”, y después grabaron “Around and Around” y “Let it Rock”, entre otras.

Los riffs de Berry aparecen en innumerables canciones de pop, desde la voraz “Brown Sugar” de los Stones hasta la balada country-rock de los Eagles “Peaceful Easy Feeling”.

Berry, abiertamente interesado en el lado económico de la música, fue un emprendedor con un club nocturno en St. Louis y, en una pequeña localidad al oeste de allí, una finca a la que llamó Berry Park, que incluía una casa, una piscina con forma de guitarra, un restaurante, casas de campo y una sala de conciertos.

El artista prefirió no tener una banda habitual, y en su lugar contrataba músicos locales dispuestos a trabajar por poco dinero. Uno de los que tuvo uno de sus primeros trabajos tocando con Berry fue Springsteen.

Quemado por una industria que exigía una parte de sus ingresos por composición, Berry era muy suspicaz incluso con sus admiradores, como podría ver cualquiera al verle interactuar con Richards en “Hail! Hail! Rock ‘n’ Roll”. Para los conciertos de la película, confundió a Richards tocando canciones en claves y tempos diferentes a como se habían ensayado. Richards ha recordado que se volvió al resto de músicos encogiéndose de hombros y les dijo “Improvisen”.

La carrera de Berry casi terminó unas décadas antes, cuando su Cadillac color melocotón se averió en St. Charles, Missouri, en 1958. El músico, que viajaba de Kansas a Missouri con una joven llamada Joan Mathis, fue arrestado y encarcelado brevemente por portar un arma oculta. Un año más tarde contrató a una adolescente, Janice Escalante, para trabajar en su club.

A principios de 1960, sus relaciones con Mathis y Escalante llevaron a que se le acusara de violar la ley Mann, que prohibía el transporte de un menor de edad a través de fronteras estatales por “propósitos inmorales”. Un jurado formado íntegramente por ciudadanos blancos le declaró culpable en 1960, pero los cargos fueron retirados después de que el juez hiciera comentarios racistas. Tras otro juicio en 1961, cumplió año y medio de una sentencia de tres años.

Berry siguió grabando tras salir de prisión, y su legado fue reconocido por los Beatles y los Stones, pero sus días de crear éxitos prácticamente habían terminado.

“Desde el estrellato/entonces caí/a esta humilde celda de prisión”, escribió Berry cuando comenzó su sentencia de cárcel.

En 1979 fue acusado de delitos fiscales y se le impuso otra pena de tres años de cárcel, suspendida salvo por 120 días. Una década más tarde, las autoridades locales registraron su casa en una redada para buscar drogas y material pornográfico. Los cargos por pornografía se retiraron, y Berry recibió dos años de libertad condicional no vigilada por un delito menor por marihuana.

Después, algunas de sus exempleadas le demandaron por supuestamente grabarlas en el baño de su restaurante. Los casos terminaron con acuerdos en 1994, después de que Berry pagara 1,3 millones de dólares.

“De hecho parece que cada 15 años cometí un gran error”, comentó Berry en sus memorias.
Aun así, recordando la letra de “Back in the U.S.A.”, dijo: “No hay otro lugar en el que prefiriera vivir, incluyendo África, que Estados Unidos. Creo en el sistema”.

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