George
W. Bush
Les
escribo desde Beijing, adonde vine para apoyar
a los atletas estadounidenses que están
participando en los Juegos Olímpicos.
Este es un momento de orgullo para nuestros olímpicos
y para la gran Nación que representan,
y Laura y yo estuvimos honrados de compartirlo
con ellos.
Además de asistir a los Juegos Olímpicos,
mi itinerario incluye una reunión con el
Presidente de China, dedicar una nueva Embajada
de Estados Unidos en Beijing, y asistir a una iglesia
local. Durante mi tiempo aquí, expresé las
profundas inquietudes de Estados Unidos en cuanto
a la libertad y los derechos humanos en China.
Este viaje ha reafirmado mi creencia de que los
hombres y mujeres que aspiran a expresar su conciencia
y venerar a su dios, no son ninguna amenaza al
futuro de China. Son el pueblo que hará de
China una gran nación en el siglo 21.
Uno de los aspectos más destacados de este
viaje es ver cuánto ha cambiado China. Mi
primera visita al país fue hace más
de tres décadas cuando mi padre era el representante
estadounidense en Beijing. La pobreza estaba por
todas partes y las calles estaban inundadas de
bicicletas. Hoy en día, China está entrando
rápidamente a la era moderna. Beijing está cubierta
de rascacielos y llena de automóviles. Y
el pueblo de China tiene más conexiones
con el mundo que jamás antes en su historia.
Estos cambios ofrecen tremendas oportunidades al
pueblo chino, al pueblo estadounidense y al mundo
entero. Por lo tanto, en los últimos ocho
años, Estados Unidos ha buscado poner nuestra
relación con China sobre una base más
sólida y de principios. Hemos avanzado los
intereses de ambas naciones expandiendo el comercio
libre y justo, y fomentando el crecimiento de una
clase media, china; que puede ser un mercado enorme
para las exportaciones de Estados Unidos. También
hemos cooperado en otros desafíos compartidos,
desde luchar contra enfermedades pandémicas,
hasta oponernos a los programas de armas nucleares
de Corea del Norte.
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Al mismo tiempo, Estados Unidos
ha hablado franca y consistentemente sobre nuestras
inquietudes en cuanto al comportamiento del gobierno
chino. Hemos dejado muy en claro que confiar
en su gente con mayor libertad, es necesario
para una relación más fuerte con
los Estados Unidos y es la única forma
en que China puede alcanzar todo su potencial.
Hemos subrayado que ser un líder económico
global conlleva el deber de actuar responsablemente
en asuntos desde la energía, hasta el
medio ambiente y el desarrollo en Asia.
Sólo China puede decidir
el curso que seguirá, pero me siento optimista
sobre las perspectivas futuras. Los jóvenes
que crecen con libertad en una parte de sus vidas
eventualmente exigirán libertad en otras áreas.
La China del futuro reflejará su propia
cultura y tradiciones, pero también reflejará las
aspiraciones universales de la humanidad, y no
hay anhelo humano más profundo que el
de la libertad.
La relación de Estados Unidos con China
es un elemento de nuestra estrategia más
amplia para la región. Cuando yo asumí la
presidencia, traje la clara convicción
de que Estados Unidos es una nación del
Océano Pacífico y que nuestro compromiso
con Asia debe ser más fuerte que nunca
en el pasado.
Mis viajes a Asia como Presidente han traído
muchos momentos alentadores. Uno de los más
emotivos vino la semana anterior en Seúl
cuando hablé con tropas estadounidenses
de la Guarnición Yongsan. Estos hombres
y mujeres están soportando la carga de
la vida militar lejos de sus hogares. Sin embargo,
en sus rostros uno puede ver ese orgullo silencioso
que viene de tener un trabajo importante y de
desempeñarlo bien. Estos valientes estadounidenses
están conservando la paz y están
enviando un mensaje más amplio sobre nuestro
enfoque en torno a Asia: ahora y siempre, Estados
Unidos cumplirá con nuestra palabra hecha
a nuestros amigos. Confiados estamos por la libertad.
Y avanzaremos los intereses y los ideales de
nuestra Nación, manteniéndonos
comprometidos en esa parte vital del mundo.
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