Puntos de Vista

Rand Paul contra su propio récord

Esta semana, Rand Paul, el senador republicano por Kentucky y favorito del Tea Party, se convirtió en el segundo candidato en unirse a la carrera por la Casa Blanca, declarando que él sería “un nuevo tipo de republicano”. La verdad es que no hay nada que distingue a Paul del resto del partido: la inconsistencia e incoherencia que guía su visión para los Estados Unidos es la misma incoherencia que guía las prioridades mezquinas del Partido Republicano que continúan perjudicando a nuestra comunidad y nuestro país.

Yo soy la primera en reconocer que hay que darle crédito a quienes se lo merecen, y de cierta forma, debemos aplaudir los esfuerzos del senador Paul hasta ahora en cuanto a la reforma del código penal de nuestro país. Paul es uno de los pocos republicanos que ha identificado la importancia de corregir un sistema penal que encarcela desproporcionadamente a los afroamericanos y latinos. También reconoce la importancia de tomar en cuenta las prioridades de las minorías en el país.

Por lo tanto, es difícil comprender cómo este supuesto defensor de los derechos de las minorías es el mismo que se ha opuesto a provisiones fundamentales de la Ley de Derechos Civiles y la Ley de Derecho al Voto. En varias ocasiones, Paul ha sugerido que las empresas y el sector privado tienen el derecho de discriminar y negarle servicios a quien quieran, una clara violación de la Ley de Derechos Civiles. Cuando la Corte Suprema anuló unas provisiones claves de la Ley de Derecho al Voto el año pasado, Paul insinuó que este tipo de ley ya no era necesaria porque “tenemos un Presidente afroamericano”.

Paul, un oftalmólogo, eligió comenzar su anuncio con una historia conmovedora sobre su viaje de servicio a Guatemala, donde realizo cirugías oculares que les devolvió la vista a varios miembros de una de las comunidades más pobres de ese país. Aunque su trabajo es verdaderamente admirable e importante, es un poco hipócrita porque su record de oponerse a la ayuda exterior contradice su trabajo. El senador prefiere acabar completamente con la ayuda exterior, sin importar el gran daño que esto le haría a países como Guatemala, que cuentan con el apoyo de los Estados Unidos para que su economía y el país continúen desarrollándose. Al igual, Paul se opone a la ayuda que le damos a uno de nuestros más importante aliados en el Medio Oriente, Israel. Para muchos, esto significa que el senador no comprende los asuntos internacionales al nivel necesario como para ser presidente de Estados Unidos.

Paul es bien consistente en su inconsistencia y no hay mejor ejemplo de estas discrepancias que en su posición migratoria. Aunque afirma ser un defensor de una reforma migratoria justa, Paul fue uno de los principales oponentes de la reforma migratoria aprobada en el Senado en 2013. También ha introducido una legislación que busca eliminar el programa de DACA y quería cambiar la Constitución del país para negarle la ciudadanía a los hijos de inmigrantes indocumentados. Para ponerle sal a la herida, el senador decidió hacer campaña para el representante Steve King, el miembro más antiinmigrante del Congreso.

Durante estos próximos meses, el Partido Republicano tratará de inundar el campo político con las mismas ideas anticuadas, disfrazadas como una nueva visión. El Senador Rand Paul no ofrece nada nuevo o una auténtica alternativa, la única novedad que él pretende tener es que adopta y abandona nuevas posiciones a su conveniencia.

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