Puntos de Vista

Las hispanas decidirán las elecciones del 2016

Aunque han habido muchas sorpresas en esta jornada electoral (nadie pensó que Donald Trump sería el candidato republicano para la presidencia), una cosa es segura: las votantes hispanas tienen el poder de decidir estas elecciones.

En 2012, el presidente Obama ganó con el 76 por ciento de las hispanas, en comparación con el 65 por ciento de los hispanos que también apoyaron la campaña de reelección del presidente. Sabemos que, históricamente, las mujeres son la mayoría de los electores que se presentan el día de las elecciones, y para las latinas esto es específicamente cierto.

Durante más de 20 años, las Latinas nos hemos presentado con más frecuencia a las urnas que los hombres hispanos. En todas las elecciones presidenciales desde 1984, más hispanas han participado en la votación que los hombres.

¿Cómo nos vemos este año? A principios de 2016, según un informe, 27.3 millones de latinos eran elegibles para votar en noviembre. Pero incluso con el registro de votantes latinos aumentando a un ritmo asombroso, las proyecciones de la Asociación Nacional de Latinos Electos y Designados (NALEO, por sus siglas en inglés) indican que 13.1 millones de latinos votarán en 2016. A pesar de haber aumentado de los 11.2 millones de latinos que votaron en el 2012, es menos de la mitad de la población latina que tiene derecho de votar.

Si queremos hacer la diferencia como comunidad, tenemos que motivar a nuestras mamás, hermanas, hijas, primas, tías, comadres y amigas a que salgan a votar en noviembre. ¿Las buenas noticias? Una nueva encuesta por American Women, Voto Latino Action Network y America Action muestra que el 81 por ciento de las latinas en todo el país están “casi seguras” que van a votar en noviembre.

Pero, ¿cómo cambiamos el “casi seguro” a “Ya Voté”? Los candidatos tienen que ser más sensibles a los temas que enfrenta la comunidad latina.

Cuando se les pide que nombren las fuentes principales de estrés en sus vidas, las latinas catalogaron ‘pagar sus cuentas’ y ‘gastos’ en primer lugar, seguido por el cuidado y la salud de sus familias. Por otra parte, las latinas –especialmente las jóvenes latinas- eran más propensas a indicar que ganaban menos de $15 por hora, un salario con el cual es imposible mantener una familia.

Cuando el promedio de pago para las latinas es sólo 55 centavos por cada dólar ganado por un hombre blanco no hispano, por hacer el mismo trabajo, es más que dañino e injusto:  debe ser contra la ley. Los empleadores tienen que rendir cuentas cuando pagan menos a las mujeres y los trabajadores deben ser protegidos cuando preguntan acerca de su pago.

En mis viajes por todo el país estoy constantemente inspirada por las mujeres jóvenes que conozco, que son las primeras en sus familias en ir a la universidad y graduarse. Sabemos que un título universitario hace una gran diferencia, pero para muchas familias latinas el costo está fuera de su alcance. Es a causa de los DREAMers o Soñadores que nuestra conversación nacional sobre la educación y la reforma migratoria ha seguido evolucionando y progresando. Pero podemos hacer más. La universidad debería ser más asequible y accesible para todas las familias.  Nuestro voto puede asegurar que todos estos temas sean una prioridad para nuestros líderes. ¡A votar!  ¡Sí se puede, amigas!

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