Puntos de Vista

La Segunda Enmienda en el debate

A raíz de otra horrenda matanza de niños y maestros inocentes a manos de un asesino trastornado con armas de fuego semiautomáticas que son fáciles de conseguir, voy a decir lo que nunca deberías decir como estadounidense: Es hora de reconsiderar la Segunda Enmienda.

“Una milicia bien regulada, siendo necesaria para la seguridad de un Estado libre, y el derecho de las personas a mantener y portar armas no será infringido”. Así establece la Segunda Enmienda a la constitución de los Estados Unidos. Y para muchos es sagrada.

Pero la Segunda Enmienda fue concebida y adoptada por nuestros fundadores cuando éramos una nación recelosa del control tiránico que un gobierno puede tener sobre un pueblo frágil.

Como tal, nuestros fundadores le dieron a cada persona el “derecho a portar armas” y tener acceso al alijo de pistolas de su pueblo en caso de que el gobierno repentinamente quisiera tomar las riendas de la vida cotidiana de la ciudadanía.

La idea detrás de la Segunda Enmienda era poner a los ciudadanos comunes y corrientes en pie de igualdad con el gobierno cuando se trataba de armarse.

Vivimos en una realidad completamente diferente a la de los Estados Unidos del siglo XVIII.

Hoy, el gobierno tiene acceso a armas nucleares. Los defensores puristas de la Segunda Enmienda también tendrían que abogar porque las armas nucleares estén disponibles para todos los estadounidenses a fin de que la Segunda Enmienda tenga el mismo significado y vigencia hoy que el día en que se ratificó.

Las milicias bien reguladas también se han quedado en el pasado; reemplazadas por ejércitos de soldados nacionales, bien entrenados y totalmente armados que nos protegen de aquellos que nos harían daño o tratarían de quitarnos nuestra libertad.

¿Qué pasa con los derechos de los padres a enviar a sus hijos a una escuela, supuestamente segura y que esperan que todavía estén vivos al final del día? ¿Qué pasa con los derechos de los niños a caminar por los pasillos sin temor a que no puedan llegar vivos al otro lado?

No estoy en contra de las armas de fuego para defensa propia o para la caza. Estoy fervientemente en contra de los que abogan por las armas, y contra los políticos que se han dejado convencer con generosas contribuciones de campaña para comprar su lealtad. Si estos políticos comprados no cumplen sus órdenes y se oponen a todas y cada una de las medidas dirigidas a limitar el acceso a armas, están en peligro.

Entonces, mientras estamos reconsiderando la Segunda Enmienda, comencemos con cambios básicos y de sentido común que la mayoría de los estadounidenses ya están apoyando.

¿Qué tal si no dejamos que los adultos jóvenes que ni siquiera pueden beber licor compren un arma militar como el AR-15? ¿Qué tal un período de espera más largo para todas las armas? ¿Qué tal si no permitimos que las personas con enfermedades mentales tengan un arma?

Tal vez los que abogan por las armas han encontrado su equivalente en los valientes adolescentes que sobrevivieron la reciente masacre en una escuela secundaria en Parkland, Florida, y que marchan y educan a sus líderes electos para que tomen medidas reales para que estas tragedias no tengan que suceder.

Es hora de reconsiderar la Segunda Enmienda.

La Segunda Enmienda en el debate

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