Puntos de Vista

La gran muralla de Trump para “arreglar” el sistema migratorio

Después de durar más de una semana catalogando a las comunidades afroamericanas como campos de guerra, Donald Trump volvió a su deporte favorito de insultar a los latinos y a los inmigrantes.

De la nada, nos enteramos la mañana del miércoles, que Donald Trump visitaría México y que se reuniría con el residente Enrique Peña Nieto tras aceptar una invitación del mismo. Después de reunirse por una hora, todos nos hacíamos la misma pregunta, ¿Pagará o no México por el gran muro de Trump?

Les recuerdo que desde el comienzo de su campaña, el magnate de bienes raíces ha prometido una muralla más grande que la Muralla China, que dividirá los dos países y que México pagará por ella. Durante la rueda de prensa le preguntaron a Trump si México pagará por la muralla y él contestó con un “no lo discutimos”.

Es cómico que un hombre que ha hecho un punto principal de su campaña la construcción de ese muro, pagado por México, no tuvo los pantalones para discutir lo más importante, que es quién lo va a pagar. Pero luego nos enteramos, a través de su cuenta de Twitter, que Peña Nieto le dejó bien claro a Donald Trump que México no pagaría por su gran muralla. ¿Entonces, cuál fue?

Además, esa misma noche Peña Nieto exclamó en una entrevista que las políticas de Trump son “un peligro para México” y que “ese riesgo, esa amenaza, tiene que ser confrontada. Le dije que esa no era forma de construir una relación mutuamente beneficiosa para ambas naciones”, señaló el mandatario mexicano.

Trump ha fracasado en su primer examen de relaciones externas. ¡Qué patético y humillante para el pueblo estadounidense que alguien nos represente de esa manera! Esa no es la forma de dialogar con uno de los aliados más importantes de Estados Unidos, tanto en el comercio como en la seguridad hemisférica.

Luego de todo este espectáculo, Donald Trump se montó en su avión y enrumbó hacia Arizona, donde plantearía su plan de reforma migratoria que tanto estábamos anticipando y que muchos esperaban iba a ser de un tono más moderado. Yo sabía que no lo sería.

Ante la compañía de sus amigos, el alguacil del condado de Maricopa, en Arizona, Joe Arpaio, quien es acusado de aterrorizar y abusar de los derechos humanos de nuestras familias, y la exgobernadora de ese estado, Jan Brewer, la que firmó la ley draconiana SB 1070 que perseguía y degradaba a los inmigrantes de Arizona, Trump escupió más intolerancia, miedo y xenofobia hacia la comunidad indocumentada.

Frente a miles de sus seguidores, la gran mayoría blancos, Trump planteó su plan para “arreglar” el sistema migratorio del país empezando por la construcción de su gran muralla, “pagada por México”.

Prometió deportar a todos los indocumentados del país empezando por los “criminales”. Si se quieren quedar, tendrán que regresar a sus países y aplicar de nuevo. También bloquearía fondos a las “Ciudades Santuario” con el fin de eliminarlas. Implementará un sistema nuevo de cuotas para los que quieren regresar. Y exigiría un “examen de valores” para asegurarse de que los que vienen, piensan como nosotros.

En fin, fue un vergonzoso discurso en el cual personas indocumentadas están violando a las mujeres y matando a niños, realidades falsas para dividirnos aún más. ¿Hasta dónde llegará Donald Trump si fuese elegido presidente? Tenemos que detenerlo este noviembre y votar por Hillary Clinton.

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