Puntos de Vista

Encontremos una solución para terminar con esta angustia

¡Ya basta! ¡Ya es suficiente! La angustia que Estados Unidos está sintiendo hoy se ha vuelto en algo demasiado común. Los asesinatos de Alton Sterling y Philando Castile, dos jóvenes afroamericanos que fueron disparados por oficiales de la policía en Louisiana y en Minnesota, y los cinco oficiales que también perdieron sus vidas en las manos de un francotirador al cabo de una protesta en Dallas, se han convertido en testigos intolerables de un problema racial en nuestro país, y del cual tenemos que encontrar la salida.

Pero esta salida no debe ser motivada por nuestra furia, resentimiento, venganza, odio o frustración. Ese camino requiere que tomemos pasos hacia la comprensión, el amor, la paz y el perdón. Y nuestros líderes, en cada comunidad, en cada movimiento y en ambos lados políticos, deben reflexionar sobre este contraste tan difícil.

No es un camino fácil de tomar. La ira en las comunidades de color es una realidad. El hecho de que jóvenes afroamericanos e hispanos tengan una probabilidad mucho mayor que los jóvenes blancos de ser disparados por un oficial de la policía es una estadística de la cual deberíamos estar avergonzados.

Esto significa que necesitamos mejor entrenamiento para nuestros policías, mayor enfoque en la desactivación y resolución de conflictos, reclutar más policías que sean de las comunidades en las que sirven, identificar e intercambiar las mejores prácticas a través de los departamentos de policía en todo el país. También significa identificar a los policías que tengan malos antecedentes y sacarlos de las patrullas si es necesario.

Las familias de los jóvenes afroamericanos, latinos, las madres, los adolescentes, los maestros y mentores, los policías, líderes comunitarios y religiosos, cada uno debe entender que tienen un gran papel que desempeñar y una parte importante de esta función es observar los hechos desde la perspectiva de los demás, del percibido delincuente, y ver la situación con ojos frescos.

Asimismo, no podemos separar estas tragedias del debate persistente y frustrante, aunque necesario, sobre el control de las armas. La otra estadística de la que deberíamos estar avergonzados es que cada año se producen 33 mil muertes por armas de fuego en el país.

El hecho de que las armas puedan llegar fácilmente a las manos de criminales e incluso de terroristas, es algo que podemos solucionar. La mayoría de los estadounidenses están de acuerdo en que deberíamos expandir la verificación de antecedentes de las personas que compran armas de fuego, como también prohibirles armas de fuego a las personas que están en las listas de exclusión aérea y aquéllas que puedan tener serias discapacidades mentales. Tratemos de cumplir esto primero y luego llegar a la difícil tarea de enfrentar nuestro problema de raza y de justicia penal.

Nuestra piel puede ser de color blanco, café o negro o cualquier otra variedad de color. Pero todos sangramos rojo. Y todos lloramos las mismas lágrimas. Mi esperanza es que esta semana, todos con los corazones rotos, podamos llorar y lamentar por Alton y Philando, así como los cinco oficiales que murieron mientras cumplían su sacrificado trabajo.

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