Puntos de Vista

El único fraude electoral es la comisión que busca comprobarlo

Por: María Cardona

No existe mejor ironía que la insistencia del presidente Trump en incitar una investigación para comprobar sus reclamos de fraude electoral en las elecciones del 2016. No le basta haber llegado a ser presidente. Ni siquiera es suficiente el tratar de desmantelar el legado de su predecesor pedazo por pedazo. Trump jamás aceptará que el voto popular lo haya ganado Hillary Clinton, ¡y por más de 3 millones de votos!

Es por esa misma razón que hoy nos encontramos con una comisión creada por estrategas republicanos al cargo de desenmascarar dicha “verdad”. La ironía de una comisión creada con el propósito de hacer realidad esa retórica infundada de Trump es que en el proceso estarán cometiendo su propio fraude electoral.

Desde que la comisión empezó su investigación, lo único que ha logrado es crear una tormenta de fuego, con una rebelión bipartidista de quienes se oponen a las peticiones de la comisión, negándose a proveer la información privada de los votantes que la comisión busca.

Al requerir que todos los estados cumplan con entregarles esta información privada y sensitiva, lo que realmente proponen es cometer una amplia supresión de votantes.

No hay ni que ver más allá de quien está a cargo de la comisión –el secretario de Estado de Kansas, Kris Kobach, el autor principal de la ola de leyes antiinmigrantes que se llevaron a cabo en el 2012, varias de las cuales han sido derribadas por las cortes por ser inconstitucionales. Las cortes determinaron que estas leyes pretendían bloquear a votantes legítimos para ejercer su derecho al voto, particularmente los votantes de comunidades minoritarias.

Los sentimientos negativos hacia este panel de fraude electoral son de ambos partidos y varían desde una inquietud hasta una repugnancia de parte de los propios secretarios de estado republicanos, como en el estado de Mississippi, el que dijo que el panel completo “se puede tirar al Golfo de México”.

Dicha comisión de fraude viene siendo una solución en búsqueda de un problema. Está diseñada para lograr dos fines: en primer lugar, darle a Donald Trump otro argumento para cubrir su autoengaño, al señalar que entre 3 millones y 5 millones de personas ‘votaron ilegalmente’ en las elecciones del 2016. En segundo lugar, está diseñada para cubrir a los republicanos, quienes quieren suprimir los votos de personas en todo el país, especialmente las comunidades de color.

La Casa Blanca debería de poner un fin a este ejercicio inútil, dejar de contribuir a la supresión de votantes, y enfocarse mejor en el verdadero problema de las elecciones del 2016, el involucramiento de los rusos en nuestra democracia. En la cumbre del G20 debería de decirle al presidente ruso Putin que nuestro país no tolerará sus intentos de comprometer nuestras instituciones democráticas.

No nos daremos por vencidos hasta desenmascarar lo que debería ser el real propósito de una comisión de fraude electoral.

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