Puntos de Vista

¿El derecho a tener un arma pesa más que el derecho a la vida?

A la luz de los trágicos acontecimientos de la semana pasada en Orlando, con la masacre en el Pulse Club, donde la mayoría de las víctimas eran latinos y de la comunidad LGBT, esta semana le cedo mi espacio a un colega que fue tocado por esa terrible masacre, Dakar Lanzino:

La masacre en el club Pulse en Orlando, a pesar de haber hecho historia por ser la más grande en pérdidas de vida con armas de fuego, tristemente no es nada nuevo en este país.  Este acto de terror a las manos de un americano-musulmán, ha lanzado otra vez un gran debate sobre las armas de fuego, cómo combatir el terrorismo, y a la vez, honrar los valores sacrosantos de este país: la libertad de religión, la inclusión, y la diversidad.  Sin embargo, como alguien que vivió y creció en Orlando, como latino y como miembro de la comunidad LGBT, nada quita el dolor profundo que estos acontecimientos del pasado domingo han causado.

No es secreto que la aversión contra los gays es hablada y celebrada en muchos foros públicos, incluyendo iglesias de todas las religiones y denominaciones. Por estas razones, es muy difícil encontrar lugares en los cuales, como personas homosexuales, nos sintamos cómodos y sin tener que defendernos a cada minuto.  Este club era uno de dos establecimientos en la ciudad de Orlando en el cual podíamos acudir, disfrutar y relajarnos, como lo hacen muchos, y festejar con nuestras parejas, amigos y aliados.

Esa noche, 49 personas, entre ellas dos amigos míos, fueron asesinadas y masacradas por una persona que no merece ser mencionada. 49 personas con hermanos y hermanas, padres y madres, amigos y amigas, hijos e hijas.

Otras 53 personas terminaron heridas, con varias balas en el cuerpo, heridas que sanarán pero quedarán cicatrices físicas y psicológicas para siempre.  Otras 200 con miedo a dormir ya que al cerrar los ojos lo único que oyen son balas, y los gritos de sus compañeros siendo masacrados en un lugar que se supone podían sentirse a salvo.

Este tipo de masacre no es nada nuevo. Lo mismo vimos en Aurora, Colorado y también en la escuela elemental de Sandy Hook en Connecticut y más reciente en Oregón. En todas estas ocasiones, y ahora en Orlando –la masacre con más muertos en la historia de este país- la misma arma fue utilizada para asesinar a gente inocente, el rifle de alta capacidad AR-15. Una arma que puede ser comprada por cualquier persona sin suficientes sistemas de verificación o de búsqueda de historial para saber si puede estar en posesión de una arma letal.

A veces parece que en Estados Unidos el derecho a tener un arma pesa más que el derecho a la vida. Sabemos que es un derecho que nos da la Constitución, pero este derecho no debe ser más importante que el derecho de mis amigos y las otras víctimas a una vida sana y segura.

Con sus conspiraciones, los que abogan por más armas letales han inculcado miedo en los corazones de las personas, con el propósito de vender más armas. Tanto ha sido el adoctrinamiento que esas personas han perdido el sentido común cuando se trata de leyes que pueden salvar vidas.

No necesitamos armas que disparan 45 balas por minuto para cazar o defendernos.  La inacción ante la crisis de armas en este país es negligente. Podemos hacerlo mejor y mientras Orlando se recupera, la lucha por salvar vidas apenas empieza”.

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