Puntos de Vista

Después de Charlottesville, la pelota está en manos de los republicanos

Por: María Cardona

 

“¡Los judíos no nos reemplazarán!” y “¡Sangre y Tierra!”… así empezaron los eventos de la semana pasada que han puesto al país en una encrucijada. Los acontecimientos en Charlottesville, Virginia, el sábado 12 han sorprendido y traumatizado la psiquis nacional.

Muchas personas pensaron que habíamos dejado este oscuro pasado. Muchos querían creer que habíamos evolucionado hasta un punto en el que el odio y el fanatismo que se exhibió ese sábado ya no sería una amenaza. Lamentablemente estaban equivocados y han recibido una rudo despertar.

Muchos de nosotros, sin embargo, veíamos cómo se estaba alimentando la ira y el odio, así como el racismo, la intolerancia y la xenofobia, que parecen estar demasiado latentes en ciertas capas de nuestra población. Bueno, ahora no hay ningún otro lugar para mirar sino directamente a los ojos del odio y el mal y decir “¡Ya Basta!”

Corresponde a todos los que rechazan la supremacía blanca, el racismo, la intolerancia y el odio para mostrar al mundo que Estados Unidos no representa lo que vimos en Charlottesville. Nos queda a nosotros hacerlo, porque el presidente ha demostrado que no va a tomar ese liderazgo y decir inequívocamente que Estados Unidos rechaza la visión repugnante del mundo de los supremacistas blancos, neonazis, racistas y fanáticos que marcharon e hicieron derramar sangre inocente el sábado 12.

El presidente condenó el odio y la violencia “en ambos lados”, el mismo sábado, inmediatamente después de los trágicos acontecimientos. Pero eso no fue suficientemente aceptable para repudiar el odio de ese día. La reacción en contra a sus palabras fue tan fuerte, incluso entre muchos republicanos, que Trump salió el lunes 14 y se vio obligado a condenar a los supremacistas blancos, al KKK y a los neonazis.

A pesar de que 48 horas eran demasiado tarde, sus palabras fueron pronunciadas con una incomodidad visible y una completa falta de pasión y convicción, aunque le permitió a sus partidarios encontrar una razón suficiente para seguir afirmando que Trump no es racista ni intolerante.

Pero en una ruidosa conferencia de prensa un día después de su condena a los grupos de odio, volvió a reiterar lo que dijo justo después de la tragedia, a saber: “Hay culpa de ambos lados”. No, señor Trump. No hay culpa de ambos lados. Muchos de sus partidarios lo saben. Incluso si no pueden admitirlo.

Pero, ¿por qué esas declaraciones de Trump nos sorprenden? La mayor parte de la gente en el país ha sabido desde un principio quién es Trump y él nunca lo ha ocultado. El problema es que demasiados estadounidenses han ignorado la verdad durante demasiado tiempo.

Entonces, ¿todos podemos decir ahora: ‘¡Basta! ¡ya es suficiente!” Si no es ahora, ¿entonces cuándo? Republicanos, la pelota está en su lado, y el destino del país en sus manos.

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